Me habían hablado de este lugar, me habían contado mucho, de que aquí uno se podía sentir como en la luna, de que la fisonomía del lugar entregaba esa percepción, por lo pronto me sentí abierto a adentrarme a este lugar recóndito y sin limites en la búsqueda de una especie de salvación que me permitiera abandonar los prejuicios de donde me encontraba y adentrarme a una especie de lado sideral del mundo alejado de las estructuras mentales de las que hablaba Levi-Strauss. Estar en el presente y abandonarlo alejado del mundo pero al mismo tiempo involucrado en el, como un estado de impavidez alejado de las sensaciones dopadas del momento, involucrado en en un acorde, sentir como los dedos del piano vibraban con cada nota que tocaba en el piano, una avidez, mirando el vacío abandonando la memoria en el recuerdo.
Que sugestion mas sublime de la conciencia, que entrega mas recíproca al momento, era ala catarsis, un éxtasis casi orgiástico, un movimiento sideral, era lo que era, un es que había dejado de serlo para empezar a dejar de ser, que soltura la mía, que me entremezclaba en lo que ya no entendía, solo, triste, la incertidumbre era la certeza. Recordaba el mi incongruencia a grandes maestros.
Valparaíso, sin querer me abriste los ojos y me hiciste recordar que Santiago no es Chile, pero tu labor ya cumplió su etapa ahora te abandono, me voy gracias por los maravillosos recuerdos que me diste, ciudad de Escher. No olvidare que desde aquí inicie mi gran viaje a la vida, me acorde lo que era soñar, lo que era ser feliz, y lo que era estar vivo, después de tanto tiempo perdido , luego de tanta ceguera, ahora he abierto los ojos.
miércoles, 24 de octubre de 2007
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